lunes, 2 de agosto de 2010

"Es todo tan triste en esta esquina,
que hasta a la luciérnaga del naranjo de enfrente se le fundió la bombilla."


Aquí, guardar el luto no es vestir de negro. Es no abrir la boca porque la lengua tiene color.

Aquí, en vez de morir mi abuelo, ha muerto la casa. Han muerto las flores, los recuerdos están manchados y quien vive quiere acompañarlo...

Pues pongamos algo de vida, a colorines, en este cuento :)

2 comentarios:

Ricardo J. Román dijo...

Cuanta tristeza.

Espero que todo este bien, amiga.

Besitos.

Cristinaa dijo...

Démosle vida a la casa, ¡fea!
Agg, sigo sin entender la costumbre del luto taan taan a lo burro...
Lo que yo te digo, parece que estamos en la casa de Bernarda Alba jaja